Palabras ambiguas
JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

Diario INFORMACIÓN de Alicante, 3-7-2006

El lenguaje de Zapatero es siempre ambiguo. Su declaración en los pasillos del Congreso sobre las próximas negociaciones con ETA –aunque no esté redactada únicamente por él– es el último ejemplo. Uno diría que su aspiración es complacer a todas las partes: a españolistas, a separatistas, a víctimas, a terroristas, propósito realmente loable, aunque difícil de consumar. En política, la ambigüedad no pasa de ser un truco que igual se utiliza para obtener votos que para eludir mojarse en cuestiones espinosas. Pero la ambigüedad, además, cuando no está provocada por la torpeza, es una argucia para el engaño: es decir, para la salida futura por la tangente, esa manera de justificarse pronunciando la consabida frase de que yo lo que quise decir era esto. Zapatero, sin ir más lejos, anunció que haría una declaración pública en el Congreso sobre la intención del gobierno de mantener contactos con ETA y hasta en ese detalle ha sido ambiguo. El escenario elegido parecía convincente: se comprende que las cosas de alto calado se digan ante las Cortes Generales, de las que el Congreso es parte, por la sencilla razón de que "representan al pueblo español", según la letra de la Constitución. Después de todo, se trata de una negociación en la que se pondrán sobre la mesa compromisos de Estado. Sin embargo ese gusto por lo ambiguo ha permitido a Zapatero presentar su comunicado no ante el Congreso como institución sino en el Congreso entendido como edificio, de manera que privó de la primicia a los representantes del pueblo, en cuyo nombre se va a negociar, ante sus propias narices. La travesía que Zapatero ha iniciado es complicada, arriesgada, trascendente, y por ello conviene que la culmine con éxito. Lo preocupante y severo, en cambio, es que de un ambiguo nunca se sabe a qué juega hasta el final, y a veces dan cierto apuro los personajes que se proponen pasar a la historia al precio que sea.