Chupa Chups

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

31 diciembre 2003

El nombre de Enric Bernat, que acaba de fallecer en Barcelona a los ochenta años, no es ni será tan célebre como el de su invento: el Chupa Chups. Hay nombres propios que han venido a enriquecer el vocabulario, pero no es el caso de este catalán. De Charles C. Boicot, administrador de las fincas de un inglés en Irlanda en las que se negaron a trabajar los irlandeses, nos llegó la voz boicot; al Marqués de Sade y sus descripciones de escenas violentas le debemos la palabra sadismo; en el austríaco Von Sacher-Masoch, un autor que ha merecido más atenciones de los psiquiatras que de los asiduos a la buena literatura, se encuentra el origen de la expresión masoquismo; por culpa de un personaje de comedia italiana llamado Pantalone, que usaba calzones largos, decimos pantalón; mientras que de Rocambole, que en las novelas de Ponson du Terrail salía de una aventura incomprensible para meterse en otra más incomprensible, nos vino lo rocambolesco. Bernat no denominó a su producto chupa-Enric o Bernat-chups, y eso se paga con la celebridad del invento y el anonimato del creador.

Las grandes ideas suelen ser las más tontas. Incluso los hallazgos científicos admiten leyendas que conceden al azar más trascendencia de la que tiene. Es un lugar común creerse que Arquímedes descubrió en la bañera que el volumen de su cuerpo desplazaba el mismo volumen de agua, o que Newton entendió la ley de la gravedad al observar que una manzana caía y la Luna no. Bernat consumó el hallazgo de su vida en los años cincuenta, al ocurrírsele una graciosa tontería: la de ponerle un palito a un caramelo para que los niños, que acostumbraban a sacárselos de la boca, pudieran chupar sin pringarse. Eso era todo. Y uno, que ha conocido los tiempos en los que un Chupa Chups todavía costaba una peseta, no duda en brindarle en estas líneas un homenaje post-mortem al ocurrente inventor.