Entrevista a Renata Londero
"A Azorín se le aprecia de forma profunda si lo traduces"

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

28 diciembre 2003

Realizó su tesis doctoral sobre Azorín, participó en las Obras escogidas del autor de Monóvar que publicó Espasa en 1998 y ha intervenido en congresos internacionales sobre el escritor. Renata Londero, profesora de Lengua y Traducción de la Universidad de Udine, ultima la traducción al italiano de La isla sin aurora, novela azoriniana de 1944 que publicará en Italia próximamente la editorial Lignori, de Nápoles.

—¿Por qué cree usted que puede interesar en Italia La isla sin aurora?
—Para mí es una "summa" de todos los grandes temas de Azorín, de sus grandes conflictos, de su deseo de equilibrio. Allí caben muchísimos autores muy amados por él: Montaigne, Gracián, los filósofos clásicos, Platón, Leopardi, uno de los autores italianos que él apreciaba. Al mismo tiempo, es para mí la novela más inteligible para un público más amplio. Yo espero que no la lean sólo alumnos y profesores. La trama es muy placentera, peculiar, en una isla perdida en el Pacífico donde los personajes, que son el clásico "alter ego" de Azorín –el novelista, el dramaturgo, el poeta–, se encuentran no sólo con personajes literarios como Fausto o Edipo sino con personajes de fábula, fantásticos o mitológicos –el fauno, la hada, la ondina–, todo en un hilo narrativo para mí fascinante que involucra al lector. Él, naturalmente, vuelve a introducir todos sus temas. Porque claro, aquí estamos en pleno conflicto entre apariencia y realidad, dentro de un ambiente que es onírico pero que al mismo tiempo tiene que referirse a la realidad como punto de referencia.
—¿Cómo descubrió a Azorín?
—Lo descubrí con mi profesora Elide Pittarello, catedrática de la Universidad de Venecia, que había dirigido mi tesina de licenciatura sobre Cernuda. Estábamos pensando un tema para la tesis doctoral, que haría luego en Bolonia con el profesor Caravaggi, y me lanzó la idea de dedicarme a esas novelas poco conocidas de Azorín, que no son las del Azorín más conocido de la trilogía. Me animó a leerlo y empecé con Félix Vargas. Me encantó el estilo escueto, preciso, y junto con el estilo esa aparente falta de hilo narrativo, esa fragmentariedad.
—En los últimos años se han traducido al italiano El político y La voluntad. ¿El interés por el escritor en Italia es sólo universitario o llega a un público más amplio?
—Lamentablemente es sólo universitario. Y se debe al esfuerzo de algunos azorinistas italianos, sobre todo de Francisco Martín y Lia Ogno, que es una muy buena traductora de novelistas hispanoamericanos.
—¿Ha descubierto algo en Azorín como traductora que desconocía como investigadora?
—Lo que me ha gustado descubrir es que al autor se le aprecia de forma profunda si lo traduces, verdaderamente penetras en su escritura. Y lo que me ha gustado mucho es, aparte de la precisión extremada en la elección de vocablos, el uso tan suelto que él hace de los coloquialismos, los refranes, los modos de decir, que él maneja de una manera tan irónica a veces. Me ha resultado divertido este aspecto.
—A los italianos se les atribuye esa frase de que toda traducción es una traición. ¿Qué tal soporta el estilo azoriniano su paso al italiano?
—He intentado no traicionarlo, respetar lo escueto de su estilo, también el fragmentarismo, esas frases breves, las repeticiones continuas. Pero se traslada bien. El problema más grande en Azorín es el léxico, la gran propiedad, la precisión extrema que naturalmente hay que respetar y reelaborar en otra lengua porque es su precisa voluntad.


"En la Casa Museo se respira el espíritu del escritor"

Las investigaciones de Renata Londero sobre Azorín le han llevado en varias ocasiones a la Casa Museo del autor en Monóvar que regenta la Obra Social de la CAM. La primera vez que estuvo fue en 1993, cuando elaboraba su tesis doctoral. "Es un sitio donde de verdad, sin retórica, se respira el espíritu de Azorín", dice. "El sosiego que hay, la tranquilidad del mismo pueblo, Monóvar, es fundamental para un azorinista; estudiar en el ambiente suyo, manejar sus libros, sus papeles. Para mí esto es un elemento imprescindible, sumado a esa gran tranquilidad y a que el personal de la Casa Museo está dedicado al investigador".