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| Los hábitos cambian y ya ni los estudiantes venden tanta lotería. Lo que se lleva ahora es el desnudo, la pose para un calendario; ya sea con ánimo recaudatorio, ya sea para airear agravios. Se desnudan varios voluntarios y voluntarias que estudian para maestros en Alicante; se destapan unos cuantos músicos de Sax; se aligeran de ropa becarios valencianos de la asociación de Joves Investigadors, estos con ganas de llamar la atención sobre su precariedad laboral. Y mientras, los fotógrafos le ponen ingenio; no se trata de que el resultado sea similar al de aquellos calendarios que, al menos antes, colgaban los mecánicos en los talleres, con rubias de pechos enormes, a veces sobre una moto de impresión. Futuros maestros, músicos e investigadores aparecen en cueros pero con arte. Aunque el magisterio consiste en enseñar los que salen en el calendario no enseñan nada; a los músicos no se les ve el instrumento; a las investigadoras no se les aprecia el "cum laude". A este paso, si es por sacar dinero o por quejarse de algo, todos vamos a tener motivos para quitarnos la ropa y convertirnos en lo que siempre hemos querido ser en la intimidad: chico/chica de calendario. Los que no hay manera de que se destapen son los políticos, a los que en cambio les vendría bien mostrar transparencia. Churchill, en una de aquellas conferencias que celebraba con los otros presidentes aliados en la II Guerra Mundial, en la de Casablanca, dejó entrar a Roosevelt en su habitación sin importarle que lo pillara cubierto con una toalla. El rubor del presidente norteamericano lo redujo Churchill con cierta alusión a la transparencia: "El primer ministro británico no debe ocultar nada al presidente de los Estados Unidos". La metáfora no parece que haya sido entendida por los políticos en activo, que tapan más que enseñan. Y eso que hay ejemplares que a buen seguro darían espectáculo en un calendario. El pueblo también merece diversión. |