Boicot imposible

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

13 noviembre 2003

Se llamaba Charles Cunningham Boycott, era capitán y fue el primer boicoteado de la historia en el sentido moderno de la palabra. Administrador de las fincas de un inglés –el conde de Erne– en Irlanda, Boycott fue víctima de las directrices que daba el orador Parnell a los irlandeses, a los que pedía que no trabajaran tierras de propietarios ingleses como medida de presión al Parlamento británico para que modificara la Liga Agraria. La indiferencia de los irlandeses hacia el administrador, a quien desde entonces ignoraron para cualquier cosa, obligó a éste a regresar a Inglaterra. De Boycott, seguramente, se acordarían muy pocos de no haber legado con su apellido esa palabra universal.

He leído que hay quien invita a boicotear los productos que se anuncian en los programas de telebasura. Se trata de una propuesta que persigue dignificar la televisión y, de rebote, una sociedad pendiente de la pantalla. Sospecho que semejante boicot tropieza con dificultades. ¿Cómo sabremos, los que no frecuentamos la telebasura, qué productos hay que dejar de adquirir? ¿Hasta qué punto los que disfrutan del género, que son más, están dispuestos a consentir que falten anunciantes y se ponga cierre a sus programas de referencia? La regeneración televisiva no vendrá de directivos y socios, que actúan al olor del negocio, ni de los espectadores, especie muy permisiva. La solución acaso sea posible si el anunciante, cada anunciante, se anima; no por temor al boicot de sus consumidores sino por su capacidad de boicotear la telebasura. Merecedora de aplauso es la decisión de tres marcas comerciales –Hankel Ibérica, Matutano, Pascual– de retirar su publicidad de "Gran Hermano" y "Aquí hay tomate". Todo es cuestión de libertades; y en determinados casos la libertad de programar no es más sagrada que la del boicoteo.