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| Una prueba de que los partidos españoles
son serios es su capacidad de desdoblamiento. Lo
interesante es que no cultivan el pensamiento único.
Incluso el PP, que durante años ha defendido la
uniformidad de criterios de sus dirigentes, está
cediendo a la evidencia. De la multiplicidad de discursos del PSOE ya sabíamos. Sabíamos que una cosa es lo que dice Zapatero donde puede, otra lo que decide Bono en Castilla-La Mancha, otra lo que se le ocurre a Rodríguez Ibarra en Extremadura y otra lo que reinventa en Cataluña Pascual Maragall, reencarnación divertida de Jaime I el Conquistador y aspirante a restituir la Corona de Aragón. Para que no le pisen el protagonismo en el espectáculo, el PP acaba de demostrar que también es capaz de practicar acrobacias. El decálogo de uso del valenciano en administraciones públicas de la Generalitat Valenciana, auspiciado por el gobierno de Francisco Camps, no ha sido respaldado por el grupo popular de la Diputación de Valencia, que ni siquiera se ha sumado a la moción de Esquerra Unida para adherirse a dicho decálogo. No falta ya quien ve la sombra de Zaplana detrás de este rehuso, entre otras cosas porque la sombra de Zaplana, como la del ciprés aquél de Miguel Delibes, parece ser que es alargada. Naturalmente el portavoz del PP en la Diputación valenciana, que tiene nombre de santo predicador, Vicente Ferrer, ha dejado claro que no hay desacuerdo con el gobierno autonómico, pues en palabras suyas así se ha recogido en la prensa la política de su partido "es única en el tiempo y en el espacio". Los hay que merecen una Flor Natural sólo por lo que se esfuerzan y, desde luego, para que no se desanimen. |