|
|
| Parece ser que Victoria Adams, la
señora de David Beckham, se ha quejado no
sé ante quién de que en Madrid huele a ajo, que
es como si la novia de Ronaldinho dijera que
Barcelona huele a "all i oli". Yo nunca he
captado en Madrid ese olor a ajo que sí ha llamado la
atención a la ex "Spice-girl", pero eso tal
vez se deba a que cuando voy a la capital no me muevo por
los mismos lugares que la Adams. Leo que la consorte de
Beckham frecuenta las tiendas de ropa cara. ¿Olerán a
ajo? También he podido descubrir en una revista reciente
que se ha estrenado ya como asistente a un festejo de
esos a los que acuden invitados muy perfumados. ¿Será
que algún guaperas asiduo a esos festines o alguna dama
de vestido ajustadísimo se rocía con ajo? La verdad es que lo de la ex "Spice" me tiene despistado. Ni siquiera concibo que su marido David, cuando sale de la ducha, acostumbre a arreglarse el cuerpo con una ristra de ajos, como si tuviera miedo a los vampiros. Las cosas como son: a Beckham se le ve moderno y no tiene pinta de eso. Por otra parte, me he enterado que en el siglo XVIII existió una receta de puré de ajo con trufa que se tuvo en algunos lugares por afrodisíaca. ¿Será que los madrileños la conocen y la consumen? Si es así, lo de Victoria Adams no habría que tomarlo como nada despectivo sino como un elogio de la actividad sexual de quienes viven y se mezclan en la Villa y Corte. Lo percibido por la fina y delicada nariz de Victoria, en este caso, sería el trajín de madrileños y madrileñas bajo los efectos del puré, y eso ya no es tan malo. A mí me han dicho que hasta el Talmud judío confío en que si no es cierto alguien me corrija atribuye al ajo propiedades muy significativas, entre ellas la de procurar la abundancia de esperma. |