Di Stéfano

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

25 septiembre 2003

Alfredo Di Stéfano, de quien el Real Madrid ha celebrado el cincuenta aniversario de su llegada al club, fue un galáctico en su tiempo. La diferencia entre él y los galácticos de ahora no está en su modo de jugar o taconear sino en algo que no se ve sobre el césped de los estadios: el coche. El coche –generalmente espectacular– no hace al galáctico, pero va con él. Los actuales lucen prototipos vistosos, carísimos, como muestra de sus millonarias fichas. Y sin embargo Di Stéfano, que llegó al Real Madrid después de alinearse en un equipo de Bogotá que curiosamente se llamaba el Millonarios, no pudo ir en coche propio a los entrenamientos ni a ninguna parte porque se lo prohibió el presidente Santiago Bernabéu. Así lo confesó en sus memorias, que le ordenaron y redactaron Enrique Ortego y Alfredo Relaño: "Bernabéu decía que no se podía fanfarronear aquí. Así que estuve dos años y pico sin coche. Bernabéu decía que los socios del Madrid eran gente de trabajo, la gente del Madrid humilde, y que teníamos que demostrar que éramos de la misma causa que la gente, y no poner los dientes largos al pueblo". El argentino no se resarció hasta que ganó su primera Copa de Europa, compaginando a partir de entonces un Mercedes 180 con un Seat 600, lo que supuso pasar de galáctico respetuoso con la afición, como quería Bernabéu, a galáctico un poco más sofisticado, aunque no tanto como los modernos. Es cierto que cada cual tiene su canon de futbolistas, pero dicen que el mejor de los cincuenta fue el argentino, el mejor de los sesenta Pelé, el mejor de los setenta Cruyff, el mejor de los ochenta Maradona y el mejor de los noventa ni se sabe. Todos ellos responden al principio del homenajeado Di Stéfano de que el fútbol, cuando se juega bien, es un arte. Ninguno, en cambio, ha logrado igualar los discursos de Valdano, el prosista más galáctico en esto del balompié.