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| Una moción de censura a dos meses de
constituirse el ayuntamiento, debates previos en
programas de contenido rosa, cruce de acusaciones en
directo entre el censurado Julián Muñoz y su
antecesor en la alcaldía de Marbella, Jesús Gil,
expresiones como "ha convertido el ayuntamiento en
una casa de atracos" frente a las de "el golfo
eres tú", comparecencias igualmente televisadas de
concejales de oposición y firmantes de la moción, y por
si fuera poco una coplera a la antigua usanza que le da
colorido folklórico a la cosa. No se puede pedir más
espectáculo. Sabíamos que todos los veranos Marbella
promociona su imagen a costa de salir en papeles y
televisores, a costa de convocar famosos veraneantes, a
costa de su flota de yates. Pero lo de este año ha sido
la revolución, todo un concepto nuevo en publicidad. Ni
la comisión investigadora de la Asamblea de Madrid ha
podido con los marbellís. Y eso que en Madrid los
personajes en litigio han puesto todo el ardor en su
peculiar espectáculo. Marbella, en esto de acaparar atención, va con ventaja. Televisar una moción de censura en plena canícula de agosto no parece ser el entretenimiento previsible, pero ya ve usted: nunca se sabe. El mitificado Tierno Galván dijo hace años que la política había dejado de ser una política de ideales para convertirse en una política de programas. Don Tierno siento defraudar a su numerosa legión de incondicionales estaba equivocado. Los programas a los que él se refería, los de los partidos, son precisamente lo que no cumplen los políticos. Nunca ha existido política de programas, opción que no pasa de ser un ejercicio de ilusionismo electoral. Otra cosa es que, en vez de decir "programas" a secas, hubiera hablado de "programas televisivos". Tal vez en este caso su reflexión podría entenderse ahora como una premonición. |