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| La política procura extraños compañeros
de cama. La frase forma parte del bagaje popular y, a
veces, no se sabe bien de quién procede. Yo se la oí
por primera vez al malogrado Antonio de Senillosa.
Es más, creo que la ocurrencia se debe a él, como
respuesta a quien le preguntó por qué se alió con Manuel
Fraga, ex ministro franquista, en los años de la
transición. Senillosa, miembro de la Comisión
Coordinadora de las Fuerzas Políticas de oposición al
franquismo, encarcelado y multado en varias ocasiones, y
secretario político del Conde de Barcelona, se
convirtió curiosamente en las elecciones generales de
1979 en uno de los escasos diputados que obtuvo la
llamada Coalición Democrática liderada por Fraga, a la
derecha de UCD. Su sentido del humor y su amena
conversación hizo de él un personaje simpático que
incluso llegó a ducharse ante las cámaras de
televisión mientras le entrevistaban, dejando ver sus
glúteos de refilón. La teoría de los extraños compañeros de cama ignoro si la registró alguien antes que Senillosa recobra actualidad con el asunto marbellí de estos días, donde el cutrerío político ha venido a fundirse con el rosa. Se presenta una moción de censura contra el actual alcalde de Marbella, el novio de la Pantoja, y he ahí que aparecen en la misma cama política dos elementos impensables: la oronda sombra de Gil y Gil y la presencia rubia de Isabel García Marcos, la hasta ahora portavoz del PSOE y azote del ex alcalde durante años. Ver para creer, aunque nada tan imprevisto como el escenario al que se ha desplazado este debate en el que se cruzan acusaciones de corruptelas deleznables: los habituales programas del corazón y cotilleos frívolos, la telebasura que sigue dando oxígeno a la trivialidad, a esa legión de personajes que acostumbra a airear sus líos de cama, entre otras tonterías. Será por eso que se habla tanto de Marbella. Será que los rosáceos ya no distinguen las camas lúdicas de las políticas. |