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| Aceptemos la definición académica de
nostalgia: "Tristeza melancólica originada por el
recuerdo de una dicha perdida, añoranza". Pero
aceptemos también el aviso de un proverbio chino:
"La vejez comienza cuando la nostalgia pesa más que
la esperanza". El sentimiento nostálgico se
justifica en un aspecto incontestable: se trata de un
viaje al pasado. Y en el pasado, claro, todos éramos
más jóvenes. Se le atribuye a la serie "Cuéntame" una influencia en la nostalgia que se percibe de los sesenta. Personalmente, no la creo tan decisiva. El fenómeno ya se practicó en los noventa. La irrupción del CD en sustitución del disco tradicional significó la recuperación en el nuevo soporte de mucha música de entonces, en tanto que el cumplimiento de las bodas de plata de destacados sucesos el mayo del 68, la invasión soviética de Praga o el estreno de "2001, una odisea en el espacio" provocaba miradas hacia atrás. La adaptación al cine de series como "El fugitivo", "Misión Imposible" o "Los vengadores" podría ser otro guiño. Se dirá, en cambio, que en estos momentos la atención parece mayor. Es cierto. Cada ciudadano que supera los cuarenta años tiene su visión propia de los sesenta. Los entonces niños regresan a su infancia; los que eran jovencitos recrean sus primeros enamoramientos, sus arrumacos en los guateques o sus días de "hippy"; los que vivían su madurez acaso se vean sumando kilómetros al volante de un Seat seiscientos. Todos ellos guardan recuerdos comunes: pongamos por caso lo que se veía en las teles de blanco y negro. Y ocurre, además, que los cuarentones y cincuentones de hoy niños y jóvenes en los sesenta ocupan buena parte de los poderes públicos, empresariales y mediáticos. Sus decisiones especialmente las de quienes proyectan ese mundo desde los medios de comunicación son por ello muy comprensivas con los sesenta. Hasta que lleguen otros. Ley de vida. |