De rumores, gritos y pateos

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

14 julio 2003

Pasados los primeros efectos del debate sobre el estado de la Nación, es hora de lamentar un detalle poco comentado en los días transcurridos. Los opinantes inmediatos se apresuraron a certificar si el ganador era Aznar o Zapatero. En este sentido, se esperaron con interés las encuestas. Al parecer, lo importante era eso: entender el debate parlamentario como un pugilato del que forzosamente tenía que salir un triunfador. Sin embargo, no he visto a nadie reconocer vergüenza por la escasa altura parlamentaria de sus señorías. Y no hablo de quienes subieron a la tribuna a ejercitar su elocuencia sino de los diputados oyentes que daban voces, interrumpiendo y faltando a eso que, desde antiguo, suelen denominar cortesía parlamentaria, práctica que entre otras bondades aconseja escuchar con serenidad. En parlamentarismo las formas son tan esenciales como los contenidos, especialmente en una sociedad mediática que tiende a imitar los comportamientos que ve por televisión. Los argumentos deben prevalecer sobre los ruidos. Por eso es penoso que el desacuerdo político se manifieste con estruendo en la grada. Y por eso es peor que una de las expresiones más oídas proceda de la presidenta del Congreso, al estilo de una maestra que llama al orden a la chiquillería: "Señorías, guarden silencio". En más de un momento, esas señorías se parecieron a aquel diputado de tiempos lejanos a quien se le quejaron ciertos votantes de su distrito, alegando que ocupaba su escaño pero que no intervenía nunca. El diputado se mostró en desacuerdo y les enseñó el Diario de Sesiones, decidido a probar la huella que había dejado en él. "Miren ustedes lo que dice aquí", les indicaba con las páginas abiertas. Y justo señalaba donde se abrían y cerraban paréntesis que recogían interrupciones a los oradores, paréntesis en los que se leían palabras como "rumores, gritos, pateos", contradiciendo con ello a sus votantes: "¿Lo ven? Aquí estoy yo".