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| Se han ofendido en Estados Unidos porque en
Nueva Zelanda, concretamente en Auckland, han abierto
otra Casa Blanca. Y se han ofendido, además, porque la
Casa Blanca de nuestros antípodas está dedicada a la
prostitución cara. Incluso han considerado poco
afortunado que en esa Casa Blanca hayan colgado un
retrato de Bill Clinton, el presidente que dio
más tono lúdico a la original. Yo creo que en Estados Unidos exageran porque en todos los pueblos hay casas blancas y, sin embargo, nadie ha formulado queja. El hecho de que figure en el local una foto de Clinton sólo hay que entenderlo como mensaje subliminal a la clientela sobre cuál es la especialidad de la casa. Guste o no guste, habrá que admitir que Clinton pasará a la historia tanto por sus actividades políticas como por las "fellatios" que resistió a la becaria aquella que se guardó un vestido rociado con semen presidencial. Quiero decir que no es para tanto. Peor es que le hubieran puesto Casa Blanca a una de aquellas chozas abovedadas que se montaban en tiempos antiguos, pegadas por fuera a los muros de las ciudades, donde ejercían las meretrices de antaño. "Fornicatus", en latín, significa abovedado y de ahí dicen que viene cierta expresión. "De la palabra 'fornices' se dixeron fornicarias las tales mugeres, y el tener cuenta con ellas fornicar", explicaba el "Tesoro de la lengua castellana o española" de Sebastián de Covarrubias, publicado en 1611. A veces, el escenario era más modesto, pues se apartaban de las murallas y salían "a los caminos reales, no lexos de los molinos de trigo y otras vezes de los de azeyte, y sobre unas estacas armavan sus choçuelas y las cubrían con ramas, de donde se dixeron rameras". Nada que ver, vamos, con las selectas casas blancas que hay por ahí. |