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| En la cultura de los jóvenes de los años
sesenta se repetía un gesto: el de colocar sobre uno de
aquellos tocadiscos portátiles a pilas un
"single" de Los Brincos. Muchos cincuentones de
hoy conservan, a buen seguro, este recuerdo nostálgico.
Por eso la noticia de la muerte de Fernando Arbex, uno de
los fundadores del grupo, debe de haberles devuelto
imágenes ligadas a su juventud, bailando "Por un
sorbito de champán" o "Borracho". Entre
1965 y 1969, años de esplendor y discos de oro de Los
Brincos, yo no era más que un niño, pero pude ser
testigo de alguno de aquellos guateques a los que
asistía mi hermana. Quizá esa escasa duración es lo
que dio al grupo un aire mítico, al no permitir que sus
seguidores se cansaran de sus pegadizas canciones. Fernando Arbex iba para abogado pero se dejó llevar por la música, en contra de los deseos de su padre. Como universitario de la Facultad de Derecho en la Complutense, formó con otros alumnos el grupo "Los estudiantes", muy solicitado como dijo él en los saraos de sus colegas, aunque actuando sin que se enterasen en casa. En una entrevista concedida a la revista "Presencia 7" en febrero, confesó que un descuido cambió su vida: "Un buen día me dejé olvidada, en casa, una guitarra prestada, y cuando la descubrió mi padre, la rompió. Me armé de valor y le dije a mi padre, con palabras de un músico famoso: prefiero morir debajo del carromato de un circo escribiendo canciones para los payasos que terminar mis días en un palacio. Mi padre no supo qué responder y me animó a seguir por el camino de la música." Poco después nacerían "Los Brincos". Las letras y músicas de sus canciones nos parecen hoy ingenuas e inofensivas. Sin embargo, en palabras suyas, "la música era una expresión de rebeldía personal y social en una sociedad rígida y uniformada". |