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| A diferencia de los encuestados indecisos
que se refugian en el "No saben/No contestan",
los políticos actuales no contestan pero sí saben. O
por lo menos no contestan lo que deseamos saber. El arte
del político profesional es el de la confusión, y a
juzgar por los resultados obtenidos en las últimas
semanas pongamos que hablo de Madrid, pongamos que
hablo del "affair" Simancas y los
rebeldes de su partido este arte lo ejercen con
extremada habilidad. Hoy por hoy, y gracias al cruce de
acusaciones entre políticos de varias siglas, el
personal asiste hecho un lío al espectáculo, sin poder
confirmar si existe trama inmobiliaria o no, si está
detrás el PP o no, o si el desencuentro interno de los
socialistas madrileños se debe o no al incumplimiento de
promesas al sector rebelde en el reparto de la tarta.
Pongamos que hablo de puestos en la administración
pública. La verdad es que no debería llamarnos la atención que los políticos no nos aclaren nada; el procedimiento es viejo y cuenta con vistosos antecedentes. Revisando el otro día las páginas amarillentas de un diario de 1904, tomé nota de una meritoria lección de confusión que no pasó desapercibida a un prestigioso cronista parlamentario de entonces. En el Congreso español, el diputado republicano Soriano, feroz en sus intervenciones y ataques al gobierno conservador de Maura, preguntaba por unas ametralladoras compradas en 1903. Le contestó el ministro de Marina, el almirante Ferrándiz, haciéndose el olvidadizo, asegurándole que no recordaba nada de eso. "Señor Soriano, ¡como hace ya diez años!", se excusó. "¡No, no hace diez años! ¡Si he dicho que esas ametralladoras se compraron en 1903!", se enfureció el diputado de la oposición, que no obtuvo más que un reconocimiento a medias del señor ministro. "Es verdad, es verdad; pero de todos modos, sea de un año o de otro, yo no me acuerdo de nada", respondió mareando la perdiz, como se hace ahora. |