El día de Harry Potter

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

25 junio 2003

Creo que a casi nadie se le escapa que ha empezado a venderse la versión en inglés de la última novela de Harry Potter: trece millones de ejemplares el primer día. Y eso demuestra que el marketing ha triunfado. Las noticias que en las semanas previas se han acumulado sobre el suceso -reserva anticipada de un millón de ejemplares, robo de más de siete mil días antes, previsiones especiales del servicio de Correos británico para que no se atascara el reparto de los encargos, filtraciones de su argumento, demanda al «Daily News» neoyorquino por adelantar detalles- inducen a despistar, pues uno no acierta a saber si no son más que contratiempos debidos a la ansiedad o noticias cuya trascendencia se engorda interesadamente con tal de calentar el ambiente.Joanne K. Rowling sabía antes de escribir la primera entrega de la serie, «Harry Potter y la piedra filosofal», que no convenía que un relato infantil superase las cuarenta mil palabras. Al acabar la novela inicial, se encontró con que llegaba a las noventa mil. Le mandó el original a un agente literario, que se lo devolvió. Un segundo agente lo aceptó y fue ofreciéndola a varias editoriales que lo desechaban. Tardó un año en colocar la pieza a la editorial Bloomsbury, que a la vista de lo ocurrido no debe andar nada arrepentida; las otras sí. La última entrega, «Harry Potter y la Orden del Fénix», tiene doscientas cincuenta y cinco mil palabras, superando las convenciones del género; y sin embargo ha provocado furor. Sabemos que el marketing ayuda, pero no deja de ser una rareza que en tiempos en los que predomina la cultura visual haya alguien capaz de provocar que un niño se acerque a un libro. Gustará más o menos -he oído todo tipo de opiniones entre gente adulta, quizá los niños coincidan más entre ellos-, pero a Harry Potter ya no se le puede discutir su condición de clásico infantil. Aunque se pase de largo.