Sobre el transfuguismo

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

18 junio 2003

Cada vez que se consuma un transfuguismo sonado me viene a la memoria la muy certera reflexión de George Clemenceau: "Un traidor es un hombre que dejó su partido para inscribirse en otro, un convertido es un traidor que abandonó su partido para inscribirse en el nuestro". Cada vez que se consuma un transfuguismo sonado nos hartamos de leer, ver y oír las más miserables hipocresías por parte de políticos y opinantes. Y eso que nadie está sin pecado como para ir apedreando a los otros: los partidos mayoritarios de la democracia española han sido beneficiarios y víctimas del transfuguismo, aceptándolo con comprensión en no pocas ocasiones, censurándolo en otras. No existe, al parecer, una teoría objetiva del fenómeno, y el hecho de que Clemenceau ya se ocupara de él acredita que ni siquiera ese ir y venir en política de aquí para allá resulta moderno. Yo no sé si Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, los diputados socialistas de la Asamblea de Madrid que han provocado el guirigay, son en rigor tránsfugas o indisciplinados, que sería otro asunto. En realidad no han declarado en ningún momento su intención de cambiar de partido, aunque éste ha sentenciado ya su expulsión. Es cierto que con su fuga de la Asamblea a la hora de votar presidente de la cámara autonómica dieron el puesto al partido rival y que, en ese sentido, pueden ser calificados de traidores a quienes les incluyeron en la lista. Si llegare a demostrarse en cambio que han sido sobornados, como sostienen sus ex correligionarios, la trama sería mucho peor, pues tendríamos un par de corruptos. Pero estas son cosas que requieren pruebas definitivas a fin de que el electorado –hecho un lío, como siempre– no crea que asiste a una descalificación, sin más. ¿Corrupción? ¿Venganzas? ¿Intrigas? ¿Confabulaciones? ¿Ganas de desprestigiar? Todo es posible. Tengamos en cuenta que hablamos de políticos.