Demócratas a la violeta

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

14 junio 2003

En declaraciones a un periódico gratuito, la periodista Maruja Torres relacionó hace días la no muy lejana oposición de la mayoría de españoles a la guerra en Irak y los resultados electorales del 25-M. Y lo hizo con esta perla dialéctica: "Al salir a la calle hemos demostrado que por cada millón de personas que se manifestaba existían cuatro millones de hijos de puta que callaban sabiendo que iban a votar a Aznar". La burrada merece alguna que otra valoración, entre otras cosas porque la historia nos ha enseñado que la democracia cuando va sola, cuando se limita a la elección de gobernantes y a facilitar la participación de los ciudadanos en los poderes públicos, es más endeble que cuando va acompañada de ciertos valores de origen liberal como la libertad de expresión, la tolerancia o el pluralismo. Hitler, que era enemigo de todo lo que sonaba a liberalismo político, ya se sirvió de la democracia para conseguir el poder, y del poder para destruir la democracia. Y miren por dónde, doña Maruja Torres, que siempre ha ido de progre y demócrata, se nos ha alineado con lo totalitario, dejándose llevar por el insulto a una parte de ciudadanos que ejercieron su libertad de expresión votando. No hay duda de que la democracia exige espíritu deportivo para saber ganar y perder, y no hay duda de que doña Maruja tendrá que entrenarse más. Ni siquiera Victoria Kent, directora general de Prisiones en la II República y diputada en las Cortes constituyentes de 1931, recurría al insulto cuando se contradecía. Tenida además por feminista, le declaró a Josefina Carabias en una entrevista que la República no iba a negar a las mujeres ni uno solo de los derechos conquistados en otros países. Sin embargo, entre las reivindicaciones de muchas españolas destacaba entonces la del derecho a voto, que la señora Kent, meses después, prefería aplazar, alegando que las españolas –que ya eran elegibles pero no electoras– votarían influidas por la Iglesia, favoreciendo a la derecha. Del mismo modo que Cadalso consideró "eruditos a la violeta" a quienes aparentaban saberes que no poseían, a Victoria Kent y a Maruja Torres se les podría tener por dos demócratas a la violeta.