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| Tiene todos los elementos de ser una noticia
estupenda y sensacional: científicos británicos han
anunciado el invento de unos guantes adherentes que
permitirán a quien los use subir y bajar por las
paredes, así como echarse un paseo por el techo. Los
guantes se inspiran en el sistema con el que la
naturaleza dotó a una especie de correosos lagartos. En
consecuencia los humanos podremos imitarlos, en tanto que
quienes sean aficionados al cine tendrán la oportunidad
de vestirse de Spiderman y hacer cabriolas por la
galería de su finca impresionando al vecindario, a ver
si así les vota para presidentes de la comunidad de
propietarios en la siguiente junta. Los inventores de tan original adherencia hablan de lo convenientes que serán estos guantes para escaladores y encargados de limpiar cristales en fachadas, que es la parte que veo más positiva de la novedad. Pero a nadie se le escapa que, de prosperar el producto, existirán otros sectores sociales beneficiados, especialmente el de los delincuentes y el de los amantes. No hay duda de que el acceso a casas y locales será más sencillo para los cacos nocturnos, dando igual que el lugar planeado para el robo se encuentre en el entresuelo que en el piso cuarenta y dos, si se trata de un rascacielos. Los amantes, por su parte, ganan una opción de huida. Ya no tendrán necesidad de rendirse al tópico de esconderse en el armario cuando la querida interrumpe con el fatídico aviso de "¡Cielos, mi marido!", forzándoles a aguantar el olor a pachuli durante horas. Si los amantes toman la precaución de dejarse los guantes en la mesita, podrán salir por la ventana y emprender una vertiginosa fuga en vertical. De manera que en adelante, cuando pasemos por la calle, miremos hacia arriba y veamos trajinar por la fachada a varios señores desnudos, pero con guantes, nos será más fácil intuir que se trata de un edifico con alto índice de infidelidad. |