Sábado de indecisión

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

24 mayo 2003

¡Ave María Purísima! Me acuso de que soy indeciso. Y aprovecho para decir que, aunque seamos mayoría en las encuestas, es una incomodidad, una inconveniencia. Al menos los incondicionales saben lo que van a votar desde antes de que se inicie la campaña electoral, y eso siempre es una ventaja. Hoy, sin ir más lejos –hoy, sábado de reflexión–, los que lo tienen claro pueden tomarse el día libre sin preocuparse. Los incondicionales, además, son los que le dan ambiente a las campañas, los que van a los mítines a aplaudir, los que se ponen pegatinas, los que agitan banderolas, los que aportan color a las elecciones. No como los indecisos, que en la duda llevamos la penitencia: ¿votaré al PP, votaré al PSOE, votaré al Bloc, votaré a la Unión de Centro Liberal, votaré a la Entesa, votaré en blanco? Y el caso es que no es por falta de oportunidades. Recibimos las mismas cartas que los votantes convencidos, leemos en los diarios los mismos anuncios, oímos por radio las mismas cuñas electorales. Y es más: nos esforzamos. En mi caso, confieso que un día cedí a una perversión: vi cuatro espacios seguidos de propaganda electoral gratuita en Canal 9. Después de verlos, sigo sin saber qué papeletas darle al presidente de mi mesa electoral para la urna, pero al menos estoy más tranquilo. Gane quien gane, la solución a todo desvelo y problema social queda garantizada. Así lo aseguraban los candidatos; algunos a los que nunca había visto sonreír incluso sonreían esta vez, enseñando los dientes. Pero como los indecisos tenemos nuestro carácter seguimos dándole vueltas al asunto, como si estuviéramos circulando por una rotonda y no supiésemos qué salida tomar. Ni siquiera votamos por correo porque mientras nos lo pensamos se nos pasa el plazo. Y eso que los expertos insisten en que los indecisos somos, en realidad, los que damos la victoria electoral. Bueno, eso será si nos decidimos.