El efecto Mestalla

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

15 mayo 2003

Colea todavía el efecto del mitin que el PP organizó en Mestalla con presencia de Aznar. De momento, y vistas las distintas maneras de interpretar el resultado (todo depende de quién eche las cuentas) seguimos sin saber si las gradas del campo del Valencia estaban medio vacías o medio llenas. Y aunque es cierto que atraer a treinta mil personas a un mitin es mérito considerable que, además, no está al alcance de cualquier partido, elegir para ello un estadio en el que caben más de cincuenta mil espectadores sólo revela que las expectativas de quien tuvo la ocurrencia estaban muy por encima, confundido quizá por el precedente del mismo partido, que sí logró llenar el estadio en 1996.

En política mitinera Mestalla no es cualquier cosa. Y por eso es escenario que igual vale para una consagración que para un revés. Uno de los actos más conocidos de la segunda República española se consumó allí, el 26 de mayo de 1935, domingo, cuando Manuel Azaña pronunció uno de sus mítines célebres, el primero de tres actos multitudinarios que ese año tuvieron como sede Valencia, Baracaldo y el campo de Comillas madrileño. No estaba previsto que Azaña hablara en Mestalla. Izquierda Republicana le había montado el evento en la plaza de toros de Valencia, pero como entonces se necesitaba entrada para acudir a los mítines y las solicitudes se desbordaron se optó por alquilar el campo de fútbol.

Se comprende que a José María Aznar –confesado lector, admirador y propagandista de Azaña– le resulte atractivo Mestalla y le guste bañarse en multitud allí, pero los errores de cálculo no son aconsejables en vísperas de elecciones. Y está claro que alguien –no sabemos si algún ministro con espíritu de protagonismo o algún coordinador de campaña– ha errado el cálculo.