Es una pipa

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

3 mayo 2003

No es exagerado sostener que el ejercicio de la política se parece al cuadro "Esto no es una pipa" del surrealista belga René Magritte. A quien no lo haya visto bastará darle noticia de que se trata de una pintura realizada en los años veinte en la que se aprecia perfectamente una pipa, trazada con todo realismo. Sólo que abajo aparece escrita una frase para despistar: "Ceci n'est pas une pipe". O sea, que según Magritte la pipa que todo el mundo juraría que ve no es una pipa, con lo que el espectador empieza a querer ver otra cosa. Lo pertinente es no hacer caso del juego, aunque sí conviene reconocer la originalidad del artista, que al menos nos ayuda a averiguar una sensible diferencia entre arte y política: lo que en arte es genialidad en política es mentira.

Y debe ser porque los políticos también se apuntan al surrealismo. No hay más que ver cómo el subconsciente suele traicionar a más de uno al hablar, especialmente en vísperas de elecciones. Pero lo que llama poderosamente la atención es la variedad de ejemplares que encarnan en política el cuadro de Magritte. Supongo que los lectores ya habrán percibido que cuando los ciudadanos vemos en cualquier suceso público una pipa –valga la metáfora– los políticos se esfuerzan en explicarnos que no, que es otra cosa. Ocurrió cuando ciertos cargos del PSOE tontearon hace años con lo que a los ciudadanos nos parecía con toda claridad corrupción y a los dirigentes de ese partido no. Ocurrió hace semanas cuando a los ciudadanos nos parecía que Aznar, con su decidido apoyo a la guerra de Irak, consideraba más aliado suyo al presidente Bush que al pueblo español –contrario en su noventa y uno por ciento– y ciertos responsables del PP nos decían que no, que no era eso. Y el caso es que lo que se ve en el cuadro de Magritte no es ni un camello, ni un elefante, ni un plato de porcelana: es una pipa.