Ladrones de arte

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

30 abril 2003

Tres acuarelas de la Whitwort Art Gallery de Manchester fueron robadas el sábado y aparecieron dos días después en unos aseos públicos cercanos, lugar propicio para la concentración de turistas vaciando la vejiga y para consentirse algún que otro "graffiti" pero impropio para abandonar obras de Picasso, Gauguin y Van Gogh. No quiero que nadie se lo tome como apología del robo, pero me atrevo a reconocer que la limpieza con la que fueron sustraídas las piezas y el detalle de dejarlas en un mingitorio céntrico de la ciudad demuestra que el arte lo acreditan también algunos chorizos con sus refinadas operaciones, su facilidad para detectar piezas carísimas y su sentido del humor en el desenlace. Después de todo, los ladrones no han hecho otra cosa que reírse de las medidas de seguridad del recinto. Supongo que con la reaparición de las obras el inmenso respiro de los responsables de la galería sólo ha sido superado por el respiro mucho más inmenso de los responsables de la compañía aseguradora.

Y es que el sentido del humor ha ido siempre ligado al arte y a los museos. La pregunta, por ejemplo, que muchos entrevistadores dirigen a artistas sobre los que no saben ni jota de su vida es más o menos ésta: si hay un incendio en el museo tal y sólo pudiese sacar una cosa ¿qué se llevaría? Tras visitar el Museo del Prado, se lo preguntaron a Jean Cocteau en rueda de prensa y fue demoledor en su respuesta: "El fuego". No menos ocurrente estuvo el ganador de un concurso que convocó un periódico estadounidense en el que se premiaba la respuesta más original para el caso de que se incendiase el Museo de Arte Moderno de Nueva York y sólo se pudiere salvar un cuadro. A la pregunta de cuál salvaría, el ganador –que resultó ser Tristan Bernard– respondió algo que incluso sería aleccionador para los ladrones de arte cuando suena la alarma: "El más cercano a la salida".