|
|
| Tres acuarelas de la Whitwort Art Gallery de
Manchester fueron robadas el sábado y aparecieron dos
días después en unos aseos públicos cercanos, lugar
propicio para la concentración de turistas vaciando la
vejiga y para consentirse algún que otro
"graffiti" pero impropio para abandonar obras
de Picasso, Gauguin y Van Gogh. No
quiero que nadie se lo tome como apología del robo, pero
me atrevo a reconocer que la limpieza con la que fueron
sustraídas las piezas y el detalle de dejarlas en un
mingitorio céntrico de la ciudad demuestra que el arte
lo acreditan también algunos chorizos con sus refinadas
operaciones, su facilidad para detectar piezas carísimas
y su sentido del humor en el desenlace. Después de todo,
los ladrones no han hecho otra cosa que reírse de las
medidas de seguridad del recinto. Supongo que con la
reaparición de las obras el inmenso respiro de los
responsables de la galería sólo ha sido superado por el
respiro mucho más inmenso de los responsables de la
compañía aseguradora. Y es que el sentido del humor ha ido siempre ligado al arte y a los museos. La pregunta, por ejemplo, que muchos entrevistadores dirigen a artistas sobre los que no saben ni jota de su vida es más o menos ésta: si hay un incendio en el museo tal y sólo pudiese sacar una cosa ¿qué se llevaría? Tras visitar el Museo del Prado, se lo preguntaron a Jean Cocteau en rueda de prensa y fue demoledor en su respuesta: "El fuego". No menos ocurrente estuvo el ganador de un concurso que convocó un periódico estadounidense en el que se premiaba la respuesta más original para el caso de que se incendiase el Museo de Arte Moderno de Nueva York y sólo se pudiere salvar un cuadro. A la pregunta de cuál salvaría, el ganador que resultó ser Tristan Bernard respondió algo que incluso sería aleccionador para los ladrones de arte cuando suena la alarma: "El más cercano a la salida". |