Homenaje al libro

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

23 abril 2003

Para el cuarenta y siete por ciento de españoles que, según el Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros de 2002 dado a conocer por la Federación de Gremios de Editores, reconoce que no lee nunca un libro, el 23 de abril, Día del Libro, no creo que signifique nada. Seguramente entrará la tentación de culpar a ese sector esquivo a la lectura de su indiferencia al producto, que es lo fácil; pero la reflexión debería ser otra. Que a casi la mitad de españoles se la traiga fresca un libro, sea que el que sea y sea de lo que sea, no es más que la constatación de un fracaso colectivo del que han participado todos, empezando por los políticos que no acaban de dar con la fórmula para diseñar planes educativos que estimulen más a la lectura, siguiendo por los educadores, que a pesar de sus nobles esfuerzos tampoco llegan a implicar en la lectura a parte de sus alumnos, y pasando por padres, editores, autores y hasta críticos literarios. Con todo, algo debe estar cambiando que invita al optimismo, si se tiene en cuenta que entre los más jóvenes encuestados, los que tenían de catorce a veinticuatro años, había un setenta por ciento de lectores.

Decía Alfred Hitchcock que el cine es una salón de butacas vacías que había que llenar, y esa es quizá una conclusión que habría que aplicar al mundo del libro. Los libros no pueden llenar butacas, pero sí estanterías. Y hay motivos para ello. Romano Guardini, en una conferencia que pronunció en 1948 en la universidad de Tubinga, los consideró particularmente vivos. "Objetos pequeños –dijo– pero, no obstante, llenos de mundo. Que están allí sin moverse y sin hacer ruido y, sin embargo, dispuestos a abrir en cualquier momento sus páginas y a comenzar un diálogo que narra el pasado, que hace mirar el futuro".