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| Voy a ver si entiendo a Saramago, que
se ha desmarcado de Fidel Castro. El juicio a un
grupo de disidentes políticos en Cuba y la condena a
muerte de los tres secuestradores de un barco parece ser
que ha dejado desencantado al premio Nobel portugués que
reside en Lanzarote. De ahí que consumara el pasado
lunes, 14 de abril, su pública renuncia a simpatizar con
el régimen castrista, hasta entonces beneficiario de su
comprensión, valiéndose de un breve artículo que
publicó en "El país" y empezaba así:
"Hasta aquí he llegado. Desde ahora en adelante
Cuba seguirá su camino, yo me quedo. Disentir es un
derecho que se encuentra y se encontrará inscrito con
tinta invisible en todas las declaraciones de derechos
humanos pasadas, presentes y futuras. Disentir es un acto
irrenunciable de conciencia". Nada que reprochar a la reflexión entrecomillada del escritor, pero sí a su actitud previa a semejante declaración, sí a su mirada hacia otro lado antes de ese artículo, sí a la vista gorda que ha practicado ante anteriores castradas. La persecución de disidentes políticos en Cuba no es nueva, por mucho que saque pecho ahora; por eso hay frases en su personal manifiesto que preocupan. Con su desmarque, Saramago se ha reconocido en realidad como un simbólico compañero de viaje del castrismo. No otra cosa daría a entender su contundente "Hasta aquí he llegado. Desde ahora en adelante Cuba seguirá su camino, yo me quedo". ¿Querrá decir eso que antes del lunes o del día en que escribió su ruptura, tal vez el domingo consideraba que la dictadura de Fidel era referente de libertad de expresión y de todas esas cosas que van ligadas a las libertades políticas, entre ellas la disensión, posibilidad que en palabras suyas "se encuentra y se encontrará inscrito con tinta invisible en todas las declaraciones de derechos humanos"? Si es así, debería explicarlo. |