Brindis por Chumy

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

12 abril 2003

Eso de que los humoristas mueran como unos mortales más es lo que menos gracia tiene de ellos. O sea que, por esta vez, Chumy Chúmez no ha provocado risa. Wenceslao Fernández Flórez, gallego memorable y referencia obligada en eso del humorismo sabio e inteligente, pronunció en 1945 su discurso de ingreso en la Real Academia Española, dejándonos un ramillete de reflexiones sobre el humor. "El humor es sencillamente una posición ante la vida", sugirió en presencia de sus doctos colegas. ¿Sólo una posición ante la vida? Quizá no, quizá sea también una salida airosa ante la muerte; si las circunstancias lo permiten, claro. Sería el caso del preso aquel que tras comunicarle que se le iba ejecutar el siguiente lunes exclamó: "¡Pues sí que empieza bien la semana!".

El humor es necesidad, y ya se sabe lo poco indulgentes que somos con las necesidades propias, que se aconseja ir cubriendo. Por eso cada humorista inteligente que trasciende lo familiar, lo íntimo, pasa al patrimonio público. Y a la historia. Humorismo de extraña perfección practicaron Cervantes y Quevedo. Humorismo esencial, bajo censura, procuraron en el siglo XX los Mihura, Jardiel, Tono, Herreros, Gila, Tip, Coll, Álvaro de la Iglesia o Chumy Chúmez, quienes trabajaron con admirable pericia el humor del absurdo y forman parte de lo más salvable de la cultura española de las últimas seis décadas. Dicho sea con el permiso de serios, ultraserios, pedantes y similares, que entienden el humor como arte menor, casi doméstico, y además se ríen menos.

Hay muchas posiciones posibles ante la vida: la ambición de poder, la trivialidad o la violencia, entre las menos confesables; la solidaridad, el altruismo o la sinceridad, entre las más loables. El humor es, sin duda, la más divertida. Donde hay humor siempre hay una expresión amiga que lo delata. Donde hay humor siempre hay una sonrisa. O varias.