Secretos sobre Marina

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

9 abril 2003

La cosa promete morbo: Gaspar Sánchez Salas, ex secretario de Cela, anda ya calentando el ambiente para la aparición (digamos, más bien, promoción) de su próximo libro "Cela: el Nobel de Marina Castaño", en el que la viudísima no va a salir bien parada, según anuncia en un semanario. Y es que esto de los secretarios tiene enjundia. Los etimólogos sitúan el origen de la palabra en la familia de la voz "secreto", ya que entienden que los secretarios conocen cosas secretas de aquéllos para quienes trabajan. Incluso el diccionario de la Real Academia Española, tan familiar a Cela, da entre varias una acepción curiosa del término: "Dícese de la persona a quien se comunica algún secreto para que lo calle".

El efecto Marina es grande en todo este universo del Cela post-mortem, que además de universo suena a negocio; para que luego digan que la literatura no da cuartos. Los malpensados creerán que hay demasiado oportunismo a costa de Cela, y quizá no piensen mal sino bien. Pero lo cierto es que Marina se ha convertido en todo un personaje, por no decir que en toda una personalidad. A mí el anuncio del ex secretario me ha pillado leyendo el libro de Umbral "Cela: un cadáver exquisito" en edición de bolsillo, que es más barata; y confieso que ya tenía subrayadas algunas líneas sobre la dama. "Uno diría que Marina está en esa etapa en que le interesa estudiar las genealogías del dinero tanto como las enfermedades de su marido", escribe Umbral, que en otra página no desaprovecha alusión a la casa que los Cela compraron en Puerta de Hierro de Madrid: "Marina, a veces, le pone a las cosas un toque de burguesía rica y aburrida que empobrece la cosa. Pero ella era la más satisfecha de haberse acercado a los pases de modelos, a sus amigas, a los fotógrafos". Umbral no era secretario del Nobel sino íntimo, pero eso da igual a la hora de consumar una indiscreción. O a la hora de ajustar cuentas, que también puede ser.