|
|
| "Fue en el verano de 1994, hace ahora
más de seis años, cuando oí hablar por primera vez del
fusilamiento de Rafael Sánchez Mazas". Con
esta frase empieza "Soldados de Salamina", la
novela de Javier Cercas que apareció en marzo de
2001 y pasó pronto a ver cómo se sucedían sus
reediciones. La novela que llega al cine. Al falangista
Sánchez Mazas, padre de Rafael Sánchez Ferlosio,
lo fusilaron mal y sobrevivió de una ejecución en masa
en Collell, cerca de la frontera francesa. Aprovechando
la confusión, se refugió en el bosque, mientras le
acechaban. Hasta que le inquietó un ruido de ramas a su
espalda. Al volverse vio a un miliciano mirándole en
silencio. Se oyó una voz a distancia: "¿Está por
ahí?". Y el miliciano, tras unos segundos,
contestó: "¡Por aquí no hay nadie!". La
indagación que emprende Cercas casi sesenta años
después entre real y ficticia a la búsqueda
de aquel perdonavidas de quien desea conocer por qué
dejó escapar a su rival, en qué pensó, deriva en una
obsesión que ha convertido a esta novela en uno de los
mayores éxitos recientes. El mismo autor reconocía su
sorpresa al año de su aparición: "El libro, cuyo
destino lógico era tener tan pocos lectores como mis
libros anteriores quizás incluso menos,
tiene muchos más de los que yo había soñado
nunca". Pero independientemente de la literatura, "Soldados de Salamina" nos devuelve al tema eterno de la guerra, donde se excita la peor cara de la especie humana: su cara ejecutora, su lado más salvaje, el lado que siembra muerte por campos y ciudades, por bosques y desiertos. En el bando opuesto de Sánchez Mazas estuvo Miguel Hernández. Acaso sea prudente dar actualidad ahora que estamos en días de guerra televisada a nueve versos suyos: "Tristes guerras / si no es amor la empresa. / Tristes. Tristes. / Tristes armas / si no son las palabras. / Tristes. Tristes. / Tristes hombres / si no mueren de amores. / Tristes. Tristes." |