Soldados de Salamina

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

24 marzo 2003

"Fue en el verano de 1994, hace ahora más de seis años, cuando oí hablar por primera vez del fusilamiento de Rafael Sánchez Mazas". Con esta frase empieza "Soldados de Salamina", la novela de Javier Cercas que apareció en marzo de 2001 y pasó pronto a ver cómo se sucedían sus reediciones. La novela que llega al cine. Al falangista Sánchez Mazas, padre de Rafael Sánchez Ferlosio, lo fusilaron mal y sobrevivió de una ejecución en masa en Collell, cerca de la frontera francesa. Aprovechando la confusión, se refugió en el bosque, mientras le acechaban. Hasta que le inquietó un ruido de ramas a su espalda. Al volverse vio a un miliciano mirándole en silencio. Se oyó una voz a distancia: "¿Está por ahí?". Y el miliciano, tras unos segundos, contestó: "¡Por aquí no hay nadie!". La indagación que emprende Cercas casi sesenta años después –entre real y ficticia– a la búsqueda de aquel perdonavidas de quien desea conocer por qué dejó escapar a su rival, en qué pensó, deriva en una obsesión que ha convertido a esta novela en uno de los mayores éxitos recientes. El mismo autor reconocía su sorpresa al año de su aparición: "El libro, cuyo destino lógico era tener tan pocos lectores como mis libros anteriores –quizás incluso menos–, tiene muchos más de los que yo había soñado nunca".

Pero independientemente de la literatura, "Soldados de Salamina" nos devuelve al tema eterno de la guerra, donde se excita la peor cara de la especie humana: su cara ejecutora, su lado más salvaje, el lado que siembra muerte por campos y ciudades, por bosques y desiertos. En el bando opuesto de Sánchez Mazas estuvo Miguel Hernández. Acaso sea prudente dar actualidad –ahora que estamos en días de guerra televisada– a nueve versos suyos: "Tristes guerras / si no es amor la empresa. / Tristes. Tristes. / Tristes armas / si no son las palabras. / Tristes. Tristes. / Tristes hombres / si no mueren de amores. / Tristes. Tristes."