Vitola fantástica

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

6 marzo 2003

Más que fantástica, la vitola de la que me propongo hablar es sexual: no se pone en los puros sino a mitad del pene. Como suena. Hace poco un semanario difundía la existencia de una página web donde se vende semejante artilugio. La vitola, según la propaganda de internet, obra prodigios en el usuario, aumentando su potencial. Se envían por correo y las hay de oro, plata o laminadas en dorado. El caso es complacer los gustos y monedero de cada cual, pues su precio oscila entre los 48 euros que se facturan por las de plata y los 281 a que se cotizan las de oro. En todo caso, y sean del material que sean, la publicidad asegura que si se la pone uno "hará desfallecer de amor a sus parejas", que no es poco. Y doy fe de que lo dice así: "parejas", en plural, como dando por sentado que cuando se viste vitola no se va a gastar con una pareja sólo. En este sentido, es justo observar que la vitola no parece recomendable para monógamos, a quienes les incitaría a cambiar de costumbres.

Usted se preguntará qué tiene este invento para un hombre que no tenga un escote generoso rondando por cercanías o una minifalda moviéndose por delante. Pues verá: el misterio consiste en que los efectos de la vitola residen en tres palabras rarísimas –"sheri", "heter" y "merup"– que simbolizan el poder, la suerte y la protección. Usted se lo creerá o no, pero la gracia de estas tres palabras no conviene ignorarla, pues dice la publicidad que "canalizan la energía positiva del sol para magnetizar, seducir y aumentar el poder sexual"; si bien el vendedor avisa que "no es aconsejable hacer el amor con la vitola puesta". Naturalmente usted, después de leer todo esto, está en su derecho de creer al vendedor o a Einstein. Entre otras cuestiones porque Einstein dijo que hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana; aunque él mismo reconocía sus dudas de que esta afirmación le valiera para el universo.