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| Más que fantástica, la vitola de la que me
propongo hablar es sexual: no se pone en los puros sino a
mitad del pene. Como suena. Hace poco un semanario
difundía la existencia de una página web donde se vende
semejante artilugio. La vitola, según la propaganda de
internet, obra prodigios en el usuario, aumentando su
potencial. Se envían por correo y las hay de oro, plata
o laminadas en dorado. El caso es complacer los gustos y
monedero de cada cual, pues su precio oscila entre los 48
euros que se facturan por las de plata y los 281 a que se
cotizan las de oro. En todo caso, y sean del material que
sean, la publicidad asegura que si se la pone uno
"hará desfallecer de amor a sus parejas", que
no es poco. Y doy fe de que lo dice así:
"parejas", en plural, como dando por sentado
que cuando se viste vitola no se va a gastar con una
pareja sólo. En este sentido, es justo observar que la
vitola no parece recomendable para monógamos, a quienes
les incitaría a cambiar de costumbres. Usted se preguntará qué tiene este invento para un hombre que no tenga un escote generoso rondando por cercanías o una minifalda moviéndose por delante. Pues verá: el misterio consiste en que los efectos de la vitola residen en tres palabras rarísimas "sheri", "heter" y "merup" que simbolizan el poder, la suerte y la protección. Usted se lo creerá o no, pero la gracia de estas tres palabras no conviene ignorarla, pues dice la publicidad que "canalizan la energía positiva del sol para magnetizar, seducir y aumentar el poder sexual"; si bien el vendedor avisa que "no es aconsejable hacer el amor con la vitola puesta". Naturalmente usted, después de leer todo esto, está en su derecho de creer al vendedor o a Einstein. Entre otras cuestiones porque Einstein dijo que hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana; aunque él mismo reconocía sus dudas de que esta afirmación le valiera para el universo. |