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| La indiscreción de una ex empleada ha
salpicado a su ex señora: la ex primera ministra
británica Margaret Thatcher. La que fue asistenta
suya Cynthia Crawford se ha puesto a soltar
confidencias vaya usted a saber si por pasarse de
cotilla, por venganza o por un puñado de libras
esterlinas y ha contado que la "Dama de
hierro" se ablandaba por las noches en casa dándole
al whisky con soda cuando su país andaba metido en la
guerra de las Malvinas. Se dirá lo que se dirá, pero la
indiscreción demuestra, al menos, que la señora Tatcher
no era sólo de condición ferriza sino que también era
humana y necesitaba aliviar tensiones. A las cinco de la
tarde uno puede relajarse con té, pero se ve que por la
noche el cuerpo le pedía whisky escocés. Misterios de
la política. Además, dicen que la resaca de whisky es
la que menos se nota, y eso es lo que seguramente
permitía a la ex primera ministra seguir con bríos en
la batalla a la mañana siguiente. No sabemos si todo esto es verdad, que en esto de las intimidades nunca se sabe. Tampoco sabemos, en caso de serlo, si la ex asistenta que le seguía la ronda doméstica ha contado las conversaciones que mantenían cuando se les pasaban los efectos del codo a codo. Sería muy gratificante conocer cómo se comentaban la experiencia, ya en serenidad. Sería gratificante saber si sus conversaciones se parecían a aquélla que tanto gustaba a Churchill, que solía contar que un miembro de la Cámara de los Lores recriminó una vez muy seriamente a su mayordomo. "Me han dicho, James, que ayer estabas bebido y que alguien te vio en Hyde Park empujando un barril a patadas y cantando cosas no del todo decentes", le dijo. "¿Es cierto?". James, sin perder los nervios, no tuvo más remedio que confesar: "Sí, señor, es cierto". "¿Y dónde estaba yo que no me enteré de nada?", siguió inquiriendo el parlamentario. A lo que el mayordomo aclaró muy educadamente: "Dentro del barril, señor, si no recuerdo mal". Salud. |