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| Los millones de manifestantes españoles
contra la guerra han puesto en evidencia una cosa: que el
compromiso de Aznar con Bush es más fuerte
que su compromiso con la opinión pública española, por
mucho que Álvarez Cascos reclame la autoridad de
lo que él llama "mayoría silenciosa", dando
por sentado que todo el que calla y no se manifiesta no
sólo otorga sino que está con el gobierno. Otra cosa
son las encuestas que revelan que casi un ochenta por
ciento de españoles se opone a la guerra. Hay hechos que descubren la preocupación del PP. Uno de ellos es una curiosa iniciativa: ningún partido en el gobierno se había visto en la necesidad de distribuir un cuadernillo publicitario en la prensa nacional explicando su actitud, como ocurrió en San Valentín. El gobierno, sin duda, no acaba de controlar la batalla interna, y hasta diarios que en principio parecían compresivos con la pose oficial revisan sus posiciones. Los hay que destapan que el ejecutivo español intentó en 1997 que Repsol entrara en el negocio petrolífero en una región iraquí, sin ser tan puntillosos entonces con las doce resoluciones de la ONU que Irak ya se había pasado por el forro. Los hay que salen con sus firmas notables en vena crítica, como el caso de Anson, para quien los motivos de la guerra difieren de los que expresa Aznar. "Si Estados Unidos entra en guerra interpretó el veterano periodista al día siguiente de las manifestaciones no lo hará sólo por el orgullo herido del 11-S. No lo hará sólo por dominar un petróleo que en la última década le ha sido dócil. No lo hará desde luego por la amenaza que para Washington supone Bagdad, porque eso da risa. Lo hará sobre todo porque se lo exige el 'lobby' judío norteamericano, porque Israel no está dispuesto a tolerar en su entorno una nación musulmana que disponga de potencial militar superior a la suya". Y Anson, ya se sabe, escribe convencido de que su voz es la de la razón. |