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| Después de que la Academia española de cine reconociera públicamente la crisis de taquilla del cine nacional en 2002, venían los Goya para congratularse con ese público reticente. La entrega de los Goya es, o se supone que es, la gran fiesta del cine español; una oportunidad de promoción, teniendo en cuenta que se emite por TVE en buen horario de audiencia. Pero esta vez, lejos de reivindicar películas, hubo otro elemento que arrebató el protagonismo a premiados y nominados. A cualquiera que vio la entrega se le quedó más, seguramente, la consigna de "No a la guerra", su enfoque pacifista enfoque loable y compartido por muchos ciudadanos, incluso por el que esto escribe y las alusiones al Prestige que el cine en sí mismo, convirtiéndose la ceremonia en un mitin político de crítica al gobierno que supongo que sirvió, además, para negarse en el futuro al público simpatizante con el partido que gobierna. La pregunta es si entre los componentes de la Academia hay diversidad de opiniones, hay pluralismo como en el resto de la sociedad, o prevalece un pensamiento único de oposición. Habría que preguntarse si se vieron, en fin, representados todos los componentes de la Academia con la postura oficial del acto, e incluso si les pareció a todos cortés la encerrona a invitados gubernamentales, como la Ministra de Cultura o su Secretario de Estado. Me pregunto si es ley de hospitalidad invitar a alguien a una ceremonia con el propósito de darle candela en público. Me pregunto, también, si eso es valiente. Ordinariez semejante sólo se la conozco al actual alcalde de Alicante, Luis Díaz Alperi, cuando presidía la Cámara de Comercio e invitó al entonces presidente de la Generalitat, Joan Lerma, para el acto de entrega de los premios de la organización, aprovechando su presencia para pronunciar un discurso de ataque a su política. ¿Qué tienen o qué les falta a algunos que son capaces de incomodar a sus invitados a traición? |