Golpes de efecto

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

21 enero 2003

La democracia asegura la participación de los ciudadanos en las decisiones políticas: participación votando y participación ocupando cargos. Para Churchill, la democracia tenía muchos defectos y una sola virtud: que es el mejor sistema político conocido. Acaso entre los defectos democráticos está el recurso al golpe de efecto, que es la vulgarización de la política, la omisión de lo importante. En las sociedades modernas las elecciones fuerzan a los partidos a tomárselas con espíritu comercial. Se trata de imponerse al contrario, de adquirir los mayores beneficios, como en los negocios, de conquistar la máxima cuota de poder. Se trata de sumar, de ganar. Y para ganar hay que venderse. El triunfo, en unas elecciones, es para quien convence a más compradores, compradores que legitiman el producto (el programa electoral) con una moneda apreciadísima: el voto. Por eso el diseño de las campañas se parece a los planes de "marketing" de las empresas, excitando al electorado con impactos, con golpes de efecto. Si se analizan bien, estos impactos no son más que anécdotas pasajeras, pero se usan. Golpes de efecto los utilizó Felipe González cuando presentó a Baltasar Garzón como candidato el Congreso por el PSOE, negándole después al magistrado el protagonismo que posiblemente esperaba. Abusando de frases efectistas, muchas de ellas sin apoyarlas en datos, salió reforzado Zapatero en las encuestas del último debate con Aznar sobre el estado de la nación. El mismo Zapatero repitió golpe de efecto en otro debate en el que, después de anunciar que no hablaría, sustituyó al portavoz en el último suspiro, cuando éste iba camino de la tribuna, en un alarde de teatralidad. Golpe de efecto es Ana Botella de número tres de la futura lista municipal del PP en Madrid y golpe de efecto es su marido como último de la lista de su partido en Bilbao. En fin, que a los políticos les gusta el espectáculo, les pierde ser "vedettes". El plumero, desde luego, se les ve.