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| La muerte de José María Gironella
ha desatado comentarios sobre su precario estado
económico, lo que tratándose de un autor que fue
ejemplo de "superventas" no deja de ser
curioso. Su voluminosa novela "Los cipreses creen en
Dios" (más de novecientos folios y tres años de
elaboración en París, rehaciéndola cinco veces) fue
una de las obras sobre las que José Manuel Lara
afianzó su editorial Planeta. Pero hasta la suerte de
los autores que venden millones de ejemplares puede
resultar adversa. Según un diario digital
("elconfidencial.com"), hubo tensiones en su
entierro al recriminar a José Manuel Lara una amiga del
matrimonio que no hubiera prestado auxilio económico al
autor en sus últimos años. Al parecer, Gironella y su
esposa se vieron obligados a solicitar un préstamo para
poder pagar el alquiler del piso. La penuria del autor
fallecido ha abierto, pues, un debate que ha llevado a
algún burócrata del ministerio de Trabajo y asuntos
sociales a anunciar vaya usted a saber si con
oportunismo que habrá que revisar el sistema de
cotización de los escritores. La de escritor es una vocación monstruosa, decía el propio Gironella. Y ese don de monstruosidad se ve que es el mayor enemigo. Normalmente, cuando una industria no vende sus productos entra en crisis. El empresario tiene dos opciones: renovarse o quebrar. Cuando un profesional pierde su empleo hace lo posible y hasta lo imposible por encontrar otro, aunque en ocasiones no tenga nada que ver con el precedente. Los escritores profesionales sobre todo de los que han tenido éxito y han logrado liberarse de anteriores trabajos sólo admiten ser escritores profesionales, aun en los tiempos en que sus productos pierden interés. No todos entienden de sociología. No todos comprenden que los públicos cambian, que el entorno cambia, que los gustos cambian. No todos son eternos. |