Ratoncito Pérez

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

11 enero 2003

El ratoncito Pérez es uno de los madrileños más célebres en el mundo y por ello el ayuntamiento de Madrid le ha dedicado una placa en el número 8 de la calle Arenal, donde estuvo su casa. El generoso y mágico ratón vivía en el sótano de una confitería, en una caja de galletas, y aprovechaba las cañerías de la ciudad para cumplir ese rito misterioso de dejar un regalo a los niños que acababan de perder un diente. A veces los orígenes de un ser mítico e imaginario acostumbran a ser inciertos; pero el de este Pérez no. Su incorporación a la mitología infantil se debe a un cuento del jerezano padre Luis Coloma, consejero de la regente y madre de Alfonso XIII, para quien escribió el relato titulado "Ratón Pérez". En ese cuento es el Rey Buby I quien pierde un diente de leche, aconsejándole su madre que escriba una carta al ratón y la esconda bajo la almohada, a la espera de que éste se la cambie por un obsequio. No será así de sencillo porque, cuando aparece Pérez, es visto por el rey, que solicita acompañarle. Para que se obre el prodigio, el roedor toca a Buby I con su cola y le convierte también en ratón, llevándole a recoger el diente de un niño muy pobre, Gilito, experiencia que servirá para que el rey descubra que no todos son tan afortunados como él.

A mí este homenaje madrileño me parece simpático, e incluso oportuno, por un par de razones: por tener a este ratón como un caso raro de supervivencia en el que creen hasta los niños japoneses –tengamos en cuenta que no ha contado con las ventajas de los ratones de Disney, beneficiarios de la maquinaria promocional del cine americano– y por haber sido miembro, hace un mes, del jurado de un concurso de narrativa infantil escrita por escolares, en cuyos originales sentí encontrar con demasiada frecuencia recreaciones tan desarraigadas a nuestras costumbres latinas como la fiesta de Halloween. ¿Se escribe así?