|
|
| Arturo Pérez Reverte, el cartagenero
que pasó de espadachín de esgrima a reportero de guerra
y de reportero a novelista, puede ser el próximo que
adorne su carrera con el ingreso en la Real Academia
Española. Para ello tendrá que prosperar la propuesta
de Antonio Muñoz Molina, Gregorio Salvador
y Eduardo García de Enterría de que ocupe el
sillón T, vacante desde el fallecimiento de Manuel
Alvar. Pérez Reverte está en esa línea de
candidato que quería Julio Camba cuando se
quejaba antaño no es el caso ahora de que en
la institución había mucho militar y mucho obispo,
añadiendo con fina sátira aquello de que "también
hay algún escritor". Aunque es probable que existan detractores que consideren excesivo el reconocimiento quizá por tenerle como autor de "best-sellers", hazaña mal vista por críticos pedantes, lo cierto es que el cartagenero es un claro merecedor del sillón. En sus novelas cultiva un español sin estridencias ni narcisismos verbales, adaptado a sus personajes. Los canallas hablan como canallas y los soldados como soldados. Y todo eso es idioma; aunque Clinton, por ejemplo, no pudo apreciarlo en la traducción inglesa cuando en sus días de presidente declaró que estaba leyendo "El maestro de esgrima", convirtiéndolo en uno de los títulos más vendidos de Estados Unidos. Pérez Reverte, en cambio, no es sólo escritor de adultos. Por su correcta escritura y sus concesiones al entretenimiento, algunas de sus obras pueden ser muy del gusto de adolescentes y jóvenes, cuya afición por la lectura saldrá a buen seguro reforzada; más o menos como le ocurrió a él con Dumas, cuando dice que a los nueve años pasó una gripe y decidió entrarle a los tomos de la biblioteca de su abuelo que contenían la trilogía de D'Artagnan y los tres mosqueteros. |